La tos ferina es una enfermedad bacteriana altamente contagiosa que afecta las vías respiratorias y provoca ataques de tos violentos y prolongados.
Es causada por la bacteria Bordetella pertussis, que se transmite fácilmente de una persona a otra a través de las gotitas expulsadas al toser o estornudar. A pesar de que puede afectar a personas de cualquier edad, los más vulnerables son los bebés menores de 6 meses, quienes pueden sufrir complicaciones graves e incluso la muerte si no reciben atención médica adecuada.
En los primeros días de la infección, los síntomas son similares a los de un resfriado común, tales como secreción nasal, fiebre leve y tos ocasional. Sin embargo, a medida que la enfermedad avanza, los síntomas se intensifican y se convierten en episodios de tos intensa, acompañados de un sonido característico al intentar respirar, lo que genera gran dificultad para la persona afectada.
Este tipo de tos puede durar entre 6 a 10 semanas y, en los casos más graves, puede causar complicaciones como neumonía, daño cerebral por falta de oxígeno y convulsiones.
Es importante destacar que en los bebés, los episodios de tos pueden ser tan graves que provocan pausas en la respiración, lo que se conoce como apnea. Estos ataques de tos pueden llevar a los niños a un estado de asfixia, lo que hace urgente la intervención médica.
A lo largo de los años, los avances médicos han permitido conocer más sobre la enfermedad, y si bien existen tratamientos, la prevención sigue siendo la herramienta más eficaz para reducir la incidencia de esta peligrosa infección.
¿Cómo prevenir la tos ferina?
La mejor forma de prevenir la tos ferina es a través de la vacunación. En México, se cuenta con varias vacunas que protegen contra esta enfermedad. La vacuna pentavalente acelular es administrada a los niños a los 2, 4, 6 y 18 meses de edad.
Esta vacuna protege contra cinco enfermedades graves: difteria, tétanos, tos ferina, poliomielitis e influenza tipo B. A los 4 años, los niños reciben un refuerzo con la vacuna DPT, que también protege contra la tos ferina, el tétanos y la difteria.
Además de vacunar a los niños, es esencial que los adultos reciban la vacuna TdaP, especialmente aquellos que tienen contacto cercano con bebés o niños pequeños. Esto incluye a los familiares, cuidadores y personal de salud, quienes deben estar inmunizados para evitar la propagación de la enfermedad en su entorno.
Las mujeres embarazadas también deben recibir una dosis de TdaP durante cada embarazo, preferentemente entre la semana 27 y 36 de gestación, para proteger al recién nacido de la tos ferina, que puede ser mortal en sus primeros meses de vida.
El acceso a las vacunas ha permitido reducir el número de casos de tos ferina en muchos países, incluyendo México. Sin embargo, la vacunación no solo depende de los programas nacionales de salud, sino también de la colaboración de los padres y cuidadores para asegurarse de que los niños reciban sus dosis a tiempo. En algunos casos, como en brotes locales, también se recomienda reforzar la vacunación en zonas específicas para prevenir la propagación de la enfermedad.
Casos de tos ferina en México y su impacto
En México, la tos ferina ha sido una enfermedad endémica, es decir, que ha estado presente de manera constante, aunque con picos de mayor incidencia en algunas temporadas.
Desde 2016 hasta 2019, se registraron en promedio 900 casos confirmados al año. Sin embargo, debido a la pandemia de COVID-19, se observó una caída en la vigilancia epidemiológica durante 2020, lo que resultó en una disminución en los reportes de casos. En 2023, sólo se confirmaron 188 casos, pero para 2024 se registraron 463 casos, lo que representa un aumento significativo en comparación con años anteriores.
En 2025, se han registrado hasta el momento 120 casos distribuidos en 21 estados de la república.
Este repunte ha generado preocupación entre las autoridades de salud, ya que los casos de tos ferina afectan principalmente a los bebés y niños pequeños, que son los más vulnerables a las complicaciones graves.
En México, los bebés menores de un año son los más propensos a sufrir problemas respiratorios y otros efectos secundarios de la enfermedad. El sistema de salud del país ha respondido con medidas de control y prevención, como la mejora en la notificación de casos, el cerco epidemiológico y el monitoreo de contactos, además de garantizar la vacunación en zonas con brotes.
Es importante mencionar que, aunque la tos ferina puede ser tratada con antibióticos, el tratamiento debe ser iniciado lo más pronto posible para reducir la duración de los síntomas y prevenir complicaciones. En los casos graves, los bebés y niños pequeños pueden requerir hospitalización, oxígeno y líquidos intravenosos para ayudarlos a mantenerse hidratados. Los médicos advierten que los antitusígenos (jarabes para la tos) no son efectivos y no deben ser utilizados, ya que no ayudan a aliviar los síntomas y pueden empeorar la condición de la persona infectada.
A pesar de los avances en la medicina y la disponibilidad de vacunas, la tos ferina sigue siendo un problema de salud pública en México y el mundo. Los casos han ido en aumento en los últimos años, en parte debido a la disminución en las coberturas de vacunación durante la pandemia. Las autoridades de salud han emitido alertas para que los padres y adultos responsables sigan las recomendaciones de vacunación y mantengan altos los niveles de inmunización, especialmente en zonas de alto riesgo.