El 8 de marzo es un día de lucha, de resistencia y de visibilidad. En un mundo donde la violencia de género no cesa, las mujeres siguen enfrentando el temor constante de ser víctimas de feminicidio, acoso y abuso doméstico. Este día, más que una conmemoración, es un llamado urgente a la acción, a que la sociedad y las autoridades respondan con justicia.
El origen de esta fecha se remonta a principios del siglo XX, cuando mujeres en Europa demandaban el derecho al voto, mejores condiciones laborales y la igualdad de género. Hoy, más de cien años después, esas demandas siguen vigentes. La marcha del 8 de marzo es la expresión de esa lucha incansable por ser escuchadas y por lograr un cambio real.
Fueron asesinadas en Durango 20 mujeres en 2024, hechos de los cuales, 14 fueron reconocidos como feminicidios. Además de que se han denunciado 271 violaciones en el último año. Tambien se presentaron 514 denuncias de abuso sexual; y cinco mil, de violencia familiar. En lo que va del 2025 se han registrado dos feminicidios.
Cada año, miles de mujeres salen a las calles, exigiendo justicia para quienes han sido asesinadas, pidiendo un alto al acoso callejero y a la violencia intrafamiliar. Este día no solo es para recordar, sino para exigir: que las autoridades tomen en serio cada caso, que la impunidad termine y que las mujeres puedan vivir libres de violencia.
La libertad no debe ser un derecho limitado a un solo día del año. Es una necesidad que debe existir todos los días. Es momento de que las mujeres puedan caminar sin miedo, y de que la justicia deje de ser una promesa vacía.