La madrugada del lunes quedó marcada por la tragedia en la autopista Gómez Palacio-Durango. Un viaje que debía ser de regreso a casa, cargado de compras y anécdotas, terminó en una escena devastadora. Un tractocamión y un autobús de la empresa "Aser Tour" chocaron violentamente en el kilómetro 153. El fuego lo consumió todo. Trece personas perdieron la vida y doce más luchan por sobrevivir.
Entre los fallecidos está uno de los dueños de la empresa. Entre los heridos, David Solís, el conductor suplente, dormía en el camarote cuando el impacto lo despertó en medio de las llamas. Con el 80 % de su cuerpo quemado, sus familiares claman a la ciudadanía para donativos pero sobre todo oraciones. Su vida pende de un hilo.
Los cuerpos calcinados hacen que la espera para las familias sea aún más cruel. La angustia es insoportable. En la morgue, se realizan pruebas de ADN para identificar a los fallecidos. Hasta ahora, solo dos han sido reconocidos sin necesidad de estudios forenses. El resto permanece en la incertidumbre, en un duelo suspendido, sin poder despedirse.
Las carreteras son testigos mudos de tragedias que dejan hogares vacíos y mesas con sillas que nunca volverán a ocuparse. En un instante, la vida de trece familias cambió para siempre. El dolor es profundo, la ausencia irremplazable. Lo que comenzó como un viaje más, terminó en cenizas y en un luto que jamás se podrá borrar.