Dinamarca lleva a cabo una tradición llamada "Grindadráp", en la que participan: hombres, mujeres y niños; la cuál se lleva a cabo cada año.
Dicha tradición se remonta al siglo XVI, ya que la población local no disponía de otras fuentes de proteína, y la cacería de cetáceos formaba parte de la prevención por parte de los pobladores para subsistir a los duros inviernos.
La carne obtenida no se vende en tiendas, la preparan y comen los habitantes cazadores.
Esta práctica es aprobada y defendida por el gobierno Danés.