En la era digital, los teléfonos móviles han dejado de ser simples herramientas de comunicación para convertirse en auténticas extensiones de nuestra existencia. Desde nuestras conversaciones más íntimas hasta nuestra identidad bancaria, y rutina diaria depende de un dispositivo que llevamos a todas partes.
Según la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares 2023, en México, 97.2 millones de personas utilizan un teléfono celular. El impacto social, cultural y económico de estos dispositivos es innegable: el 82 por ciento de los usuarios considera que han cambiado su vida para siempre.
Gran parte de nuestras actividades, así como nuestra memoria personal, vida profesional y operativa, están almacenadas en nuestros dispositivos móviles. Dependemos de ellos para comunicarnos, trabajar, organizar nuestra agenda e incluso gestionar nuestras finanzas.
Sin embargo, esta dependencia también conlleva riesgos: desde el robo de datos y la vulneración de la privacidad hasta la afectación de nuestra salud mental y social.
Aunque el uso del celular y la hiperconectividad se han convertido en una necesidad para nuestras actividades diarias, no debemos permitir que estos dispositivos se adueñaron por completo de nuestra vida. Especialistas en comunicación y medios afirman que es fundamental mantener una parte análoga en nuestra rutina, priorizando interacciones fuera de la pantalla, momentos de desconexión y prácticas que nos ayuden a preservar nuestra autonomía en el mundo digital.