Pasar una Navidad con un paciente enfermo es una experiencia profundamente emocional y desafiante. En lugar de las celebraciones tradicionales llenas de alegría y reuniones familiares, la prioridad se centra en el cuidado, el apoyo emocional y la compañía del ser querido.
La señora María de Jesús Ureña Chávez, hace dos años pasó las fiestas de Navidad y Año Nuevo en el hospital ante la complicación del parto de su nuera y compilación con su nieto y este año con el nacimiento de su segundo nieto, espera la situación cambie.
La familia originarios de la ranchería Los Robles a una hora de la cabecera municipal de Zihuatanejo, tuvieron que, suspender las celebraciones y priorizar la salud. Una situación que también pesó sobre el familiar enfermo.
En este año, su nuera de nueva cuenta dio a luz a su segundo hijo, pero con el historial del primer nacimiento se programó una cesárea para evitar complicaciones, situación que mantuvo a la familia en zozobra más por la salud que por los tiempos de fiestas.
Vivir esta experiencia es emocionalmente agotadora. Por la tristeza de ver a un ser querido atravesar una enfermedad en una época que normalmente simboliza alegría y unión, además de la incertidumbre sobre la salud puede intensificar el estrés y la preocupación. Sin embargo, también es un momento para reforzar los lazos familiares y demostrar amor incondicional.