En un contexto donde la tecnología ha transformado la vida cotidiana, el consumo de videojuegos, redes sociales, televisión e internet ha modificado los hábitos de las nuevas generaciones. La lectura, una actividad que estimula la imaginación, la creatividad y las habilidades lingüísticas, ha experimentado un descenso en los últimos años. Según datos del (INEGI), en 2023 solo el 68% de la población de 18 años y más declaró haber leído algún material en el último año, una disminución de 12 puntos porcentuales en comparación con 2016.
Este fenómeno afecta principalmente a los grupos de edad más jóvenes. Aunque la lectura sigue siendo común en los grupos de 18 a 24 años (80%) y de 25 a 34 años (80%), la tendencia general muestra una disminución gradual con la edad. En el grupo de 65 años y más, la tasa de lectores es del 60%. Sin embargo, incluso en los grupos más jóvenes, los hábitos de lectura han cambiado: las páginas de internet, foros y blogs ocupan un lugar preeminente, con un 37% de los lectores accediendo a estos medios.
Un aspecto importante en este fenómeno es la carencia de estímulos en la infancia, un factor clave para fomentar el hábito de la lectura. El INEGI destaca que el 83% de los adultos no fue llevado por sus padres o tutores a bibliotecas o librerías, el 79% no recibió lecturas en voz alta, y el 68% no vio a sus padres o tutores leer, lo que refleja una falta de interacción con los libros desde la infancia.
A pesar de estos cambios, la lectura sigue siendo fundamental para el desarrollo intelectual y cognitivo. Estimula el cerebro, mejora la capacidad de concentración y fortalece la creatividad, lo que resalta la importancia de recuperar el hábito en una era dominada por la tecnología. Sin embargo, los datos reflejan que el camino hacia una mayor población lectora parece estar marcado por el desafío de integrar la lectura tradicional con las nuevas formas de consumo digital, y por el fomento de hábitos de lectura desde la infancia.