El río Lerma es el segundo más grande de México y atraviesa varios estados. Se origina en el Estado de México y cruza por Guanajuato y Michoacán, para finalmente desembocar en Jalisco.
Con una extensión de 705 kilómetros, su cauce es fundamental para la agricultura, el abastecimiento de agua y diversas actividades económicas en la región.
Los primeros 15 kilómetros del río están biológicamente muertos, y el resto enfrenta un grave problema de contaminación debido a los desechos industriales, agrícolas y urbanos. Entre los contaminantes más preocupantes se encuentran metales pesados como plomo, mercurio y arsénico, así como compuestos orgánicos tóxicos, lo que pone en riesgo su biodiversidad y el bienestar de las comunidades que dependen de él.
A lo largo de los años se han implementado estrategias, tanto privadas como públicas, para mejorar la calidad del río Lerma. En 2024, el gobierno federal y estatal lanzaron el Plan de Saneamiento y Restauración Ecológica del Río Lerma-Santiago, como parte del Programa Hídrico Integral del Estado de México 2024-2029. Su objetivo es mitigar la contaminación, restaurar los ecosistemas y garantizar agua limpia.
De igual manera, la iniciativa privada ha buscado aminorar el impacto ambiental mediante proyectos de saneamiento y tecnologías más sostenibles. Sin embargo, la contaminación sigue siendo un desafío persistente.
Es importante que este plan se implemente a corto plazo, ya que los estragos de la contaminación siguen afectando gravemente la biodiversidad del río y la salud de las comunidades que dependen de él.