La tauromaquia, conocida popularmente como la corrida de toros, ha sido considerada durante siglos una de las expresiones culturales más importantes de la sociedad mexicana.
No obstante, en la actualidad, se encuentra en el centro de un intenso debate sobre su lugar en la cultura contemporánea y su viabilidad en un mundo donde el activismo por los derechos de los animales ha cobrado una mayor relevancia.
Para muchos, la tauromaquia es mucho más que una simple actividad recreativa; es un rito lleno de historia, arte y simbolismo. Las corridas de toros han sido vistas, por siglos, como una forma de resistencia cultural y una manifestación de la valentía humana frente a la fuerza natural del animal. Además, se vinculan con valores nacionales que son profundamente apreciados en México, como el honor, la destreza, la astucia y la resistencia.
Sin embargo, en un mundo cada vez más consciente de los derechos de los animales, la práctica de la tauromaquia ha sido severamente cuestionada. El activismo animalista ha desafiado la idea de que este tipo de eventos pueden justificarse bajo la premisa de la tradición cultural.
Argumentan que las corridas de toros son inherentemente crueles, pues someten a los animales a un sufrimiento innecesario y, en muchos casos, a una muerte violenta. Este movimiento ha ganado fuerza en diversas partes del mundo, incluso en España, donde la tauromaquia tiene sus raíces, el debate sobre su futura legalidad se mantiene vigente.
En México, las corridas de toros han sido prohibidas en ciertos estados, como en Sonora en 2017, y el mismo panorama se está viviendo en otras partes del mundo. La Ciudad de México, un importante centro taurino, ha dado un paso trascendental al aprobar la ley que prohíbe las corridas de toros con violencia.
Esta decisión ha sido vista por algunos como una victoria del movimiento animalista y, por otros, como una amenaza para una tradición cultural que aún goza de amplio apoyo entre ciertos sectores de la población.
El origen de la tauromaquia en México
La historia de la tauromaquia en México tiene sus raíces en el siglo XVI, cuando los conquistadores españoles introdujeron esta práctica como una forma de celebración y veneración.
Según la revista Apolo, el primer registro histórico de una corrida de toros en el país data del 24 de junio de 1526, un evento realizado durante el virreinato para honrar a Hernán Cortés tras la conquista de Tenochtitlan. Esta festividad se celebró en la Plaza del Marqués, en lo que hoy es el Centro Histórico de la Ciudad de México, y se llevó a cabo en el contexto de un culto a San Hipólito, uno de los santos venerados por los colonizadores.
A partir de este primer evento, las corridas de toros comenzaron a tener un papel recurrente en las celebraciones virreinales, y en 1529, el gobierno de la Nueva España decretó que se celebrarán anualmente.
El virrey Nuño de Guzmán incluso instituyó la corrida de siete toros en honor a la fiesta de San Hipólito. Con el paso de los siglos, la tauromaquia en México fue evolucionando y adaptándose, destacándose en diversas regiones del país, especialmente en el Estado de México, que es considerado la cuna de algunas de las ganaderías más antiguas.
A lo largo del tiempo, la tauromaquia mexicana fue tomando características propias. Durante el siglo XVIII, las corridas de toros en México adquirieron una estructura más organizada y profesional.
Los toreros comenzaron a enfrentarse a los toros de pie, abandonando el uso de caballos, y la tradición de las corridas se fue consolidando como un espectáculo popular en todo el país. A pesar de los intentos de prohibirlas por parte de varios presidentes a lo largo del siglo XIX y principios del XX, la fiesta brava siguió siendo parte integral de la cultura mexicana, tanto en zonas urbanas como rurales.
La tauromaquia en el mundo
Aunque la tauromaquia se asocia principalmente con España, su origen se remonta a los sangrientos juegos romanos, donde los animales eran sacrificados por diversión. Durante la ocupación romana en Hispania, estos rituales de lucha entre toros y gladiadores dejaron una huella que perduró a lo largo de los siglos.
La corrida moderna de toros, tal como la conocemos hoy, comenzó a tomar forma en España durante la Edad Media, aunque no fue sino hasta el siglo XVIII cuando la práctica adquirió su estructura y popularidad actuales.
A pesar de las prohibiciones en varias naciones, la tauromaquia sigue siendo una tradición viva en varios países. En Europa, además de España, la tauromaquia también es practicada en Francia y Portugal, aunque con algunas variaciones. En Francia, por ejemplo, las corridas han sido permitidas en ciertas regiones del sur, donde se considera una tradición arraigada. En Portugal, se permite la lidia de toros sin la muerte del animal, lo que marca una diferencia significativa con las prácticas españolas.
En América, la tauromaquia llegó con la colonización y se asentó en varios países. En México, la fiesta brava sigue siendo un espectáculo popular en muchas ciudades, aunque en algunas regiones ya ha sido prohibida debido a las crecientes protestas por el trato a los animales.
Además de México, otros países latinoamericanos como Colombia, Venezuela y Perú han sido escenarios importantes de la tauromaquia, con plazas de toros reconocidas y toreros famosos que han elevado este arte a niveles internacionales.
El futuro de la tauromaquia en México y el mundo
La reciente aprobación de la ley que prohíbe las corridas de toros con violencia en la Ciudad de México es un reflejo de los cambios sociales y culturales que están ocurriendo en torno a la tauromaquia.
La creciente conciencia sobre los derechos de los animales y la ética detrás de las prácticas que involucran su sufrimiento han impulsado la búsqueda de alternativas más humanas en el entretenimiento y la tradición.
Si bien las corridas de toros siguen siendo legales en varios países, la tendencia hacia la abolición de esta práctica parece imparable. En México, algunos estados ya han implementado leyes que prohíben las corridas de toros, mientras que otros aún defienden la tradición taurina como parte de su identidad cultural.
El debate continúa siendo un tema popular, que enfrenta a quienes defienden la tauromaquia como una tradición invaluable contra aquellos que abogan por la protección de los derechos de los animales