Jueves, 06 Octubre 2016 17:16

Bolero, más que un oficio una forma de ganarse la vida

Escrito por karina Y Solano
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Medios

 


Con 50 años de edad, Felipe de Jesús es todo un experto en bolear los zapatos, pues lleva poco más de dos décadas desempeñando este oficio, el cual se vio en la necesidad de aprender por la falta de empleo.

“El oficio lo aprendí casi casi echando a perder, (ríe) yo me ponía a ver como boleaban y así aprendí viendo”.

Al igual que el señor Felipe, Lario Medina tiene más de 20 años dejando brillantes los zapatos de sus clientes, oficio que aprendió de sus hermanos que boleaban los zapatos de las personas que acudían a la peluquería de su papá.

Ambos son profesionistas en diferentes áreas, sin embargo, su condición física fue un factor para que no pudieran desempeñarse profesionalmente por la falta de oportunidades para las personas con discapacidad .

“La discapacidad más antes era mal vista y muy admirada la gente y casi no había oportunidad de trabajo y todavía no lo hay, entonces decidí venirme a bolear”.

En este oficio que califican como noble, aseguran que han encontrado la motivación para seguir adelante, pues en ocasiones fungen como psicólogos o consejeros de quienes acuden a asearse su calzado y les comparten sus historias que les ha permitido crecer como personas.

“este oficio es muy noble, viene gente de toda, gobernadores, diputados, doctores, albañiles, pepenadores/esto me ha dado la pauta para ser más abierto con la sociedad”.

Su jornada de inicia a las 08:00 de la mañana y termina a las 16:00 horas, su trabajo y horario depende de ellos y en un día bueno como ellos le llaman, atienden hasta a diez clientes, principalmente masculinos.

Aseguran que lo único que los detiene para salir a prestar su servicio en el Jardín Núñez son las inclemencias del clima, pues tienen que trabajar para solventar los gastos de la familia.

“Si da, nomás que es como todo días buenos y días no tan buenos, por ejemplo en día de lluvias no puede salir a trabajar, son tres personas que dependen de mi”.

Para ambos trabajadores, el ser boleros más que un oficio significa una forma de ganarse la vida, pues aseguran que su discapacidad no significa un obstáculo para seguir adelante, y prefieren trabajar libremente a tener que pedir limosna como muchos lo hacen en el centro de la capital.

“De aquí me he mantenido, ayudo a los gastos de la casa a mi madre y no cambio este oficio por ningún otro trabajo, porque aquí estás libremente, conoces mucha gente, muchas historias, y hasta puedes ser confidente”.


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Karina Solano

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