Miércoles, 21 Diciembre 2016 11:22

A sus 60 años la emblemática Torre Latinoamericana busca renovarse

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El 30 de abril de 1956 fue inaugurada la icónica Torre Latinoamericana, obra ejemplar de la ingeniería mexicana, desde entonces ha sido imagen representativa de la Ciudad de México y cada año busca renovarse para convertirse en un edificio moderno y ser orgullo de los mexicanos.

El inmueble es catalogado como monumento artístico por el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y tiene en pie un proyecto de renovación exterior. 

Ante esto,  Rodrigo Amerlinck Assereto, presidente del Consejo de la Torre Latinoamericana expresó que "requieren de un permiso de parte del gobierno de la ciudad, el cual no ha sido otorgado, aunque ya se cuenta con los correspondientes de los institutos nacionales de Bellas Artes y de Antropología e Historia (INAH)".

El también fotógrafo resaltó que el edificio ubicado en el cruce de Eje Central Lázaro Cárdenas y calle Madero, en el Centro Histórico de esta capital, fue el más alto de la ciudad desde su edificación, en 1956, hasta 1972, año en el que se completó el World Trade Center, entonces Hotel de México.

Con una altura de 182 metros, desde el suelo hasta la punta de su antena, es primo del Empire State Building, toda vez que la misma compañía de acero que realizó la estructura del rascacielos neoyorquino hizo lo mismo en México para levantar esta simbólica obra de 44 pisos y 25 mil toneladas de peso.

El edificio, catalogado como el sexto rascacielos más alto entre 1933 y 1960, sirvió como ejemplo para la cimentación y construcción de futuros edificios en el mundo, aunque se edificó en una zona de alto riesgo sísmico, es ahora, en pleno siglo XXI un edificio seguro, aseveró.

“Es el único edificio grande de México que ha sido probado en dos sismos fuertes (1957 y 1985) y sin daños. Tenemos un sistema de vibración con el que se puede inyectar agua del sótano, aumentar la presión de un lado, bajarla del otro, colocar agua en las cisternas para aumentar el peso”, reiteró.

Comentó que en caso de sismo, el movimiento de la torre “hace que absorba gran parte del movimiento de la fuerza (telúrica), entonces se hizo el cálculo para que el edificio oscilara no en el primer modo de oscilación sino en el segundo, que es uno de intermedia, y eso hace que los desplazamientos no sean tan grandes. 

“La Torre Latino -precisó- recibe más de medio millón de personas al año, de manera especial en su mirador, extranjeros, gente de provincia y de la propia Ciudad de México”, por lo que se trata de uno de los lugares más visitados por el turismo en el país.

En este lugar laboran alrededor de dos mil personas, cuenta con dos museos, uno dedicado al Bicentenario de México y otro a la historia de la capital del país, además de recibir las oficinas centrales de la compañía de seguros Latinoamericana.

Asimismo, en sus instalaciones cuenta con una sucursal bancaria, una tienda de teléfonos móviles, un restaurante, diversos comercios y oficinas de diferentes grupos, todo distribuido a lo largo y ancho de los 36 pisos destinados para renta.

La Torre Latinoamericana fue construida en 1956 por Augusto H. Álvarez y el ingeniero estructural Leonardo Zeevaert (1914-2010).

 

La celebración por los 60 años de la Torre Latinoamericana, que se cumplieron el pasado 30 de abril, incluyeron pastel, mariachi y diversas actividades tanto artísticas como culturales en colaboración en el INBA, el INAH y el Gobierno de la Ciudad de México.

 

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