La pesca ha sido la actividad económica de cientos de familias chiapacorceñas, mismas que acuden a los márgenes del Río Grijalva para poder abastecerse principalmente de mojarras, mismas que venden por mayoreo o que utilizan para cocinar en restaurantes locales.
Sin embargo, esta acción podría representar un riesgo para quien consume estos productos pues biólogos han expuesto el alto grado de contaminación que han detectado en diversos puntos del río Grijalva, derivado a descargas de aguas negras y otros contaminantes provocados por la ganadería.
Sin embargo, quienes pescan aseguran desconocer si existe o no contaminación en la zona, pues esta práctica la ha heredado de generación en generación, sin ningún inconveniente.